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AMAZON SIGUE RECLAMANDO SU PROPIEDAD INDUSTRIAL SOBRE EL SISTEMA DE COMPRA A TRAVÉS DE UN SOLO CLIC
¿Quién tiene la patente de Internet?

En Estados Unidos todo es registrable y patentable, hasta las ideas más peregrinas. Pero ¿qué ocurre cuando lo patentado afecta a Internet y traspasa las fronteras norteamericanas? El último capítulo del choque cultural que propicia la Red se ha vivido a raíz de la reclamación de Amazon sobre su autoría del sistema de compra a través de un solo clic. Mientras, Gran Bretaña ha decidido establecer un límite: las obviedades quedan fuera.

Marzo 2001. ¿Tienen dueño las ideas relacionadas con el desarrollo de Internet? Esta es la pregunta de fondo de la controversia surgida en Estados Unidos sobre la autoría del sistema de compra a través de un solo clic que Amazon puso en práctica por primera vez en su página web.

La historia se remonta a 1999, cuando la librería virtual Barnes and Noble decidió adoptar el sistema de venta ideado por Amazon: a través de una cookie el sistema del comercio virtual identifica a los compradores veteranos, de manera que se elimina la necesidad de que introduzcan su nombre, dirección y datos bancarios en cada compra.

Al portal de Jeff Bezos no le hizo ninguna gracia que uno de sus principales competidores imitara su sistema de compras, y pleiteó alegando sus derechos de propiedad industrial sobre el ingenio. En diciembre de 1999 un juez obligó a Barnes and Noble a renunciar a ello y a establecer un nuevo mecanismo: ahora son necesarios dos clics para culminar el proceso de compra.


10.000 dólares de recompensa

Pero el conflicto sobre la patente no acabó ahí. Tim O´Reilly, editor de obras sobre nuevas tecnologías y decidido defensor de los sistemas de software abierto, ofreció a través de la web BountyQuest, destinada a destapar falsas patentes, un suculento premio: 10.000 dólares (aproximadamente 1.800.000 pesetas) para quien demostrara que Amazon no tenía derechos sobre la patente del sistema de compra a través de un clic por no tratarse de una idea original.

Entre las 30 propuestas presentadas por los internautas para demostrar la aplicación anterior de esta idea algunas destacaron por su originalidad... y por su desfachatez. Por ejemplo, una aseguraba que la telecomedia Cheers fue la primera vez en la que se vio un sistema parecido (uno de los personajes ideó en un capítulo un sistema por el que apretando un botón el camarero sabía que quería una cerveza), otra remitía a diversos episodios de Star Trek y otra a un sistema tan sofisticado ya existente como el de las máquinas que sirven latas de refrescos... tan solo pulsando un botón.

Entre las propuestas recibidas, y ante la variedad de ideas que exponían, O´Reilly ha decidido repartir el premio entre las tres que ha considerado más acertadas. La primera de ellas, remitida por un antiguo inspector de la oficina de patentes de EEUU, es un documento de la Unión Europea de 1995 que reconoce la propiedad intelectual de Thomson Consumer Electronics por un sistema de mando a distancia para la televisión. Otra, enviada por un abogado londinense, es una patente norteamericana sobre un sistema remoto de envío de datos a través de un programa de gestión, y la tercera procedía de una empresa tecnológica de California que presentaba una invención propia, consistente en un sistema de compra a través de la radio.


Cordura contra los despropósitos

Visto lo anterior, la propiedad industrial sobre los hallazgos relacionados con Internet plantea cuestiones que a menudo bordean los límites del sentido común. Para evitar esto, la oficina de patentes del Reino Unido ha decidido no admitir la tramitación de ninguna idea relacionada con software o métodos de negocio, entendidos estos como ideas abstractas que no implican una innovación evidente.

Por lo que se refiere al software, la oficina ha reafirmado el principio de que las patentes lo son para las innovaciones tecnológicas, y que el software no puede ser patentable cuando no exista tal novedad.

En cuanto a los métodos o procesos de negocio, la limitación para que sean patentables se refiere a ideas (que no necesariamente tienen que estar basadas en principios tecnológicos) que no implican un hallazgo especial. La propia oficina ha señalado, al argumentar estos principios, que ir de compras los miércoles en un coche amarillo podría ser un ejemplo de método de negocio en el sentido estricto, pero no implica ninguna innovación.

El diario británico The Observer apunta que tanto el sistema de compra con un solo paso de Amazon como su programa de afiliación, también sujeto a patente en Estados Unidos, son ideas inteligentes, pero no descubrimientos dignos de registrarse. "Ademas, no incluyen ciencia de ninguna clase, por lo que no merecen la protección de la patente", señala.

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