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HERRAMIENTAS PARA CONTROLAR LA ACTIVIDAD online DE LOS EMPLEADOS
¿Navegas o trabajas?

Debates morales y jurídicos aparte, las pérdidas que ocasiona la utilización inapropiada del ordenador por parte de los empleados y el riesgo de que provoque errores en la configuración general del sistema corporativo han permitido la proliferación de herramientas para controlar a los empleados.

Febrero 2001. El uso de Internet desde el lugar de trabajo con fines no laborales constituye un problema, según las estadísticas. Una investigación realizada por Forrester Research reveló que, en el 62% de las empresas de EEUU, los trabajadores acceden a sitios de sexo, lo que supone una pérdida anual de 470 millones de dólares en productividad.

Pero no son los únicos que han alertado sobre las consecuencias de un uso personal indiscriminado. Un estudio de SurfWatch mostraba que más del 25 por ciento del tiempo que los funcionarios gastan online no tiene ninguna relación con el trabajo, mientras que Websense, una de las empresas que ofrecen métodos de control, afirma que las empresas norteamericanas pierden casi 500 millones de dólares anuales por el uso indebido de Internet. Su publicidad es contundente: "Hasta un 70% del tráfico de pornografía, compras y búsquedas laborales ocurren los días hábiles de 9 a 18 horas. Si usted cree que esto es un problema para su compañía, tenemos la solución".

En el mejor de los casos, estas actividades ocasionan pérdidas económicas. En el peor, podrían abrir agujeros de seguridad al permitir la entrada de virus o de hackers, o incluso podría acarrear problemas legales a la empresa si utilizan sus recursos para intercambiar archivos ilegales (desde archivos musicales que no pagan derechos de autor hasta pornografía infantil).


Necesidad de controlar

Ante semejantes riesgos, no es de extrañar que muchos directivos hayan manifestado la necesidad de establecer algún tipo de control que evite estos peligros, escudándose en la escasa regulación normativa existente al respecto.

Los primeros en implantarlo masivamente o, por lo menos, en cuantificar su uso, han sido los norteamericanos. Una reciente encuesta de la consultora KPMG revela que uno de cada cinco empresarios controla el correo electrónico de sus trabajadores, así como su uso de Internet. Los efectos de este "espionaje industrial" son contundentes: en el 55% de los casos detectados de acceso a páginas pornográficas la situación ha acabado en despido, porcentaje que baja al 20% cuando se trata de correos ofensivos.

Por su parte, Vault.com afirma que el 31% de las empresas estadounidenses controla o restringe el uso de la red, incluido el correo electrónico.


Medidas legales

Pero un control de estas características se enfrenta a un problema moral y jurídico que todavía está por resolver. En el caso de España, el Senado instó el pasado mes de enero al Gobierno para que presentara en el plazo más breve posible un plan concreto que garantice el derecho a la intimidad y la inviolabilidad del correo electrónico, tanto en el ámbito laboral como en el privado.

Otros países han dado pasos más decididos, como Holanda, donde se ha aprobado una norma que permite a los empresarios monitorizar la actividad de sus trabajadores ante el ordenador pero, eso sí, asegurándose de que éstos conocen la existencia de ese control.

Más conocido resulta el caso británico, donde la nueva legislación permite realizar inspecciones legales del correo electrónico, con la única condición de que el afectado tenga conocimiento de ellas.


El Espía

"Pensamos que si el programa es utilizado de forma responsable, no tiene que haber conflictos". Quien así se expresa es José María Llobet, responsable de la herramienta El Espía, un software de control de la actividad que realiza cada uno de los ordenadores en que está instalado.

"Se empezó a desarrollar en verano de 1999 y tuvimos el núcleo de la primera versión estable en septiembre de ese año. Desde entonces hemos ido simplificando la interface, corrigiendo incompatibilidades y añadiendo prestaciones, hasta que en junio de 2000 salió a la venta", explica.

El programa, de creación española, se instala individualmente en cada ordenador (funciona bajo red local), siempre que cuente con alguna de las versiones de Windows. Captura de forma invisible la información y la guarda "en un fichero de log encriptado, para permitir luego su visualización", señala Llobet, proceso que realiza de la forma más visual posible, evitando a quien controla tener que bucear en largas listas de documentos.


Control total e invisible

Entre las informaciones que registra se encuentra, por ejemplo, el inicio y fin de la sesión, los programas ejecutados, el inicio y fin de la conexión a Internet, las páginas visitadas, el texto escrito, las claves de acceso, el texto copiado al portapapeles o el tiempo de inactividad del ordenador.

Según Llobet, existe plena garantía de que el programa permanezca invisible para los usuarios de cada ordenador porque "no aparece en el administrador de tareas ni en la barra de tareas. Además, tiene un consumo muy ajustado de memoria y recursos del sistema, no interfiere con el resto de aplicaciones y al no instalar acceso a datos ni ningún control de terceros, no requiere desinstalación, por lo que no aparece en agregar o quitar programas".

Pero no todo es el puro control: "El programa contempla lo que nosotros llamamos política de privacidad, que permite enmascarar de forma voluntaria los datos que podrían ser de carácter íntimo o privado", afirma José Mª Llobet.


Un sistema preventivo

"El software permite establecer un control del tiempo de dedicación y ofrece la posibilidad de conocer fugas en la cartera de clientes o en el fondo de comercio de la empresa". Son palabras del administrador de una compañía española que aplica El Espía en sus ordenadores y que, por razones obvias, prefiere no identificarse.

Se trata de una empresa de 14 trabajadores dedicada a los servicios profesionales, que ha instalado la aplicación en cinco ordenadores "para establecer un control de los empleados y recoger datos en casos excepcionales", señala. Estos desconocen la existencia del programa dentro de sus ordenadores.

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