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LIBROS online
E-book: nuevos actores en el negocio editorial

Noviembre 2000. Los partidarios del libro electrónico hablan de un avance comparable al de la imprenta; sus detractores mantienen que nadie se irá a un parque a sentarse bajo un árbol para leer a su poeta favorito en una pantalla de ordenador. Entre ambos se plantea el debate de la introducción de las tecnologías más modernas en uno de los hábitos culturales más antiguos, y entre ambos bandos se sitúan los protagonistas del cambio, que no son otros que los editores convencionales, en cuyas manos está la materia prima de la que hablamos, y las empresas informáticas, empeñadas en desarrollar dispositivos de lectura electrónicos.

Pero son estos últimos los que realmente están provocando cualquier cambio que se pueda producir. El interés demostrado por gigantes como Microsoft, Adobe o Gemstar (controlada por Rupert Murdoch) es buena prueba de ello y garantía para otras muchas empresas de que el campo que se intenta abrir puede tener futuro. Sin embargo, la promesa de grandes ganancias y el afán por dominar este incipiente mercado ha hecho que, hasta ahora, cada uno haga la guerra por su cuenta. Hasta tal punto que hoy, cuando todavía el "e-book" portátil no ha llegado a Europa y en EEUU se calcula que no hay más de 20.000 lectores, tenemos ya dos grandes compañías ofreciendo diferentes dispositivos de lectura y otras dos que intentan que su software se adopte como estándar único para la navegación por las páginas del libro electrónico.

Dentro del primer grupo la apuesta más fuerte, por el momento, la ha protagonizado Gemstar, empresa cuya actividad principal es la realización de guías para las cadenas de televisión digital. El año pasado adquirió las compañías Nuvomedia y Softbook Press, poseedoras de las marcas de lectores portátiles (Rocket eBook y Softbook, respectivamente) más populares del mercado, ahora abandonadas para desarrollar, bajo la licencia de Thomson Multimedia, los lectores de segunda generación: REB 1100, con pantalla en blanco y negro y un precio de 300 dólares (unas 58.000 pesetas), y el REB 1200, en color y con un coste de 700 dólares (unas 130.000). Gemstar ofrece con estos productos un servicio completo: dispositivo donde leer el texto, software adecuado y una biblioteca de "e-books" compatibles.

La otra posibilidad, dentro del mercado de lectores portátiles, la ofrece Franklin Electronic Publishers, que en octubre presentó el eBookMan, cuya diferencia fundamental con el anterior es que no desarrolla su propio software, sino que utiliza el de Microsoft.


Gigantes en lucha

Pero en esta guerra por llegar el primero al dominio de los estándares, las batallas más encarnizadas no se están librando en el campo de los lectores portátiles, sino en el del software creado expresamente para la lectura de los libros electrónicos. Adobe y Microsoft son los protagonistas de esta carrera, en la que las alianzas con los grandes portales de venta de libros han sido el primer objetivo.

"No creemos que los consumidores estén dispuestos a gastarse esas cantidades de dinero en hardware", afirma Mario Juárez, responsable de marketing de Microsoft, en declaraciones a The Economist sobre la estrategia de esta compañía. En agosto lanzó el Microsoft Reader, válido para PC y ordenadores portátiles, gratuito y compatible con Windows 95, 98, 2000 y NT, a todo color, que permite hacer anotaciones, destacar textos e introducir gráficos, entre otras características. Pero disponer de un sistema como este no es suficiente para extender su uso si no se cuenta con el apoyo, por un lado, de los productores de contenidos y, por otro, de los encargados de acercárselos a los consumidores. Apollo Group (principal institución privada de educación superior), la editorial McGraw-Hill o las tiendas virtuales de Barnes&Noble.com y Amazon.com son algunos de los apoyos con que la compañía de Bill Gates ha contado para extender su estándar.

Pero Adobe no se ha quedado atrás. A pesar de que su popular formato PDF era, por sí mismo, un sistema óptimo para el desarrollo del libro electrónico por su diseño y por las medidas de seguridad que incluye, la posibilidad de que su eterno rival Microsoft le rebasara y acabara por enterrar este producto estrella hizo que moviera ficha. También en agosto anunció la adquisición de Glassbook, proveedor del software de lectura del mismo nombre, cuya versión 2.0, todavía en fase de desarrollo, presenta la novedad de permitir la lectura sobre doble página. Entre sus socios para el desarrollo de los contenidos online bajo su estandar se encuentra iUniverse.com, página que ofrece a los autores un medio rápido y barato para publicar, gestionar y distribuir sus contenidos como e-books.


Derechos de autor y piratería

La parte técnica está lanzada, al menos en sus estadios iniciales, aunque aún predomine el desconcierto. La pelota está ahora en el tejado de los que han de proveer a los desarrolladores de software de los contenidos aunque, como se ha visto, ya hay algunos implicados. El problema se encuentra sobre todo en aquellos cuyo negocio principal no cuenta con Internet como vía de crecimiento, en concreto las editoriales, que centralizan el grueso de sus ventas en los canales tradicionales. A través de ellos el respeto a sus derechos (y a sus ingresos) se encuentra bastante desarrollado, pero la llegada de Internet y del libro electrónico hace que desaparezca esta seguridad.

A mediados de septiembre Forrester Research ya se encargó de meterles miedo en el cuerpo a los editores al afirmar en uno de sus estudios que de aquí al 2005 se prevén unas pérdidas de 1.500 millones de dólares por la proliferación en la red de sistemas de pirateo y de intercambio de ficheros tipo Napster aplicados a los libros. El informe señalaba con rotundidad que "ni la seguridad digital ni los pleitos pararán el robo de contenidos en Internet. Les guste o no a los editores, deben desarrollar sistemas como Napster. Deben facilitar servicios con el contenido que quieran los consumidores, en los formatos que pidan y usando los modelos de negocio que demanden". Todo un alivio para los editores preocupados por el futuro de sus ventas.

La desaparición de intermediarios entre autor y lector es otro factor que aumenta la inquietud de las grandes editoriales. En un reciente artículo publicado en The New York Review of Books, Jason Epstein (antiguo director de Random House) augura un negro futuro para todo lo que queda en el camino entre esos dos puntos, concretamente el editor (cuyo papel experimentará una evolución radical), la editorial y la librería. En definitiva, los nuevos modos de distribuir los libros harán que queden obsoletos muchos de los oficios relacionados hoy día con el mundo editorial. Y, por si fuera poco todo esto, algunos autores superventas han decidido prescindir de la industria y ofrecer su trabajo directamente en la web, como Stephen King o Frederick Forsyth.

Con estas premisas, no resulta extraño que las grandes editoriales se estén mostrando tan cautelosas a la hora de lanzarse al ruedo digital. Hasta ahora los pasos que se han dado han sido experimentos con gaseosa con los que, sin poner en peligro sus fuentes de ingresos, se ensayan tímidamente incursiones en este campo. El último ejemplo lo ha protagonizado Alfaguara, que ha colocado en la red la joya de su corona un mes antes de su aparición en las librerías, la última entrega de las aventuras del Capitán Alatriste. Una apuesta nada arriesgada, teniendo en cuenta las cifras de venta en las que se mueven las obras de Pérez Reverte y la época del año en que va a salir el libro, en plena campaña de Navidad.

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